Para llegar al Concurso de Escuelas de España no basta con ser bueno. Hay que ser el mejor.
El mejor de tu comunidad autónoma, ganar una liga completa y demostrar un nivel altísimo solo para tener derecho a una oportunidad. Ya desde ahí empieza el filtro más duro del campeonato.
Con ese camino recorrido, llegamos al nacional sabiendo que el margen de error era mínimo. Escuelas de toda España, equipos de cuatro jinetes, todos con el mismo objetivo: proclamarse la mejor escuela del país. Y allí, desde el primer momento, demostramos que estábamos preparados.
En el campeonato logramos lo que solo consiguen los equipos grandes: el triple cero. Un recorrido perfecto que nos dio acceso al desempate, mientras otras comunidades autónomas veían cómo sus sueños terminaban ahí, a un paso del todo o nada.
Y entonces llegó el momento más duro… y más emocionante.
El desempate, decidido por un solo jinete por equipo. Silencio, miradas tensas y corazones a mil. La rivalidad estaba servida. Madrid, campeona los dos años anteriores, salió primero y marcó un tiempo impresionante: 0 puntos y 41 segundos. Una marca de campeones. Una actuación que parecía definitiva. En ese instante, muchos ya los veían revalidando el título.
Después fue nuestro turno.
Martina Álvarez Samaniego, junto a Ladyes, entró a pista con una presión enorme, pero también con algo que no se improvisa: la confianza de llevar el trabajo hecho en casa. Meses de preparación, equipo unido y la certeza de no estar sola.
Y entonces… volaron.
Cada tranco fue empuje, cada salto determinación. Desde las gradas, los gritos de sus compañeras y de sus familias empujaban más fuerte que el cronómetro. El ambiente era eléctrico, el público en pie, el corazón en la garganta.
Cruzar la meta fue eterno.
40 segundos.
Un segundo por delante de Madrid.
La grada estalló. Abrazos, lágrimas, gritos y una emoción imposible de describir. Habíamos ganado. Habíamos derrotado a nuestro eterno rival y nos proclamábamos la mejor escuela de España.
Un triunfo de equipo.
Un triunfo de trabajo, confianza y unión.
Un triunfo que quedará para siempre en nuestra historia.
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